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IFES Jaén lleva por primera vez formación al centro penitenciario de la provincia con dos especialidades

Esta iniciativa permite a unos 30 reclusos adquirir no sólo conocimientos teórico-prácticos, sino fomentar su capacidad de relación, autoestima y creatividad.

2011-08-02
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Dos grupos de reclusos del Centro Penitenciario de Jaén asisten a los cursos “Elaborador de figuras plásticas” y “Adornista textil”, las dos primeras acciones formativas de Formación Profesional para el Empleo que el Instituto de Formación y Estudios Sociales de Jaén imparte dentro de la cárcel y que la Fundación espera, sea el comienzo de un trabajo continuado que permita llevar otras especialidades a la prisión. Se ha cumplido así con un objetivo que IFES venía persiguiendo desde hace tiempo, una iniciativa que como señala Miguel Domingo, técnico responsable de la coordinación de estos cursos, sirve “de escape y aprendizaje para el alumnado”, un colectivo por el que “se puede hacer mucho”.  
 
En definitiva, se trata de generar un ámbito donde las personas privadas de libertad desarrollen su creatividad y hagan más llevadero su tiempo de reclusión. Y además el alumnado obtiene un título en el que no queda constancia de que la formación se ha adquirido en un centro penitenciario, algo que según Miguel “es muy importante para los participantes”.
 
Para la puesta en marcha de estos dos cursos IFES ha seleccionado a las dos formadoras que imparten ambas especialidades, Lidia y Antonia, en quienes se ha valorado sobre todo su preparación, vocación y capacidad de relación. Por otro lado, se ha hecho una importante inversión en recursos materiales como la adquisición de máquinas de coser, centros de planchado, un horno eléctrico y tornos para el modelado de arcilla, así como el resto de material indispensable para realizar todas las actividades recogidas en el plan formativo.  
 
La formación como aprendizaje y terapia
 
Quince reclusos asisten al curso “Elaborador de figuras plásticas”, un curso de 570 horas de duración en el que los asistentes, pertenecientes a una Unidad Terapéutica Educativa (UTE), tienen como objetivo diseñar  y elaborar a través de distintas técnicas objetos con diferentes materiales como barro, fibra de vidrio o aguaplast con fines lúdicos o decorativos, mediante moldes, armazones y moldeado.  
 
Pero no sólo se persigue esta finalidad, sino que para estos hombres el aprendizaje y el trabajo que desarrollan supone una terapia que les permite estar más relajados, como para José Ángel, quien  manifiesta ser una persona nerviosa “pero esta actividad me calma”, a la vez que apunta a la salida laboral que le puede proporcionar este curso, pues muestra su convencimientos de que, “esta formación puede ayudarme a encontrar un trabajo”; por otro lado,  sienten reforzadas sus propias capacidades, como señala Agustín, quien declara “sentirse incapaz cuando se enfrenta a un nuevo trabajo”, pero que  “con constancia y perseverancia ha descubierto que cualquiera puede hacer lo que se proponga”. Ignacio, por su parte, confiesa “haber descubierto una actividad que me motiva y que me va a servir para luchar contra el aburrimiento que me lleva a la droga”. A lo que añade: “creo que esto me puede ayudar a cambiar”.
 
Demostrando un gran entusiasmo por la tarea que realiza a diario, Lidia valora de forma muy positiva el progreso de los alumnos, con los cuales “es importante trabajar la autoestima, pues se muestran impacientes y negativos”, aclara. Reconoce que en estos cuatro meses han logrado estar “más tranquilos y hablar mejor”.  Su gran reto sería que cada alumno “elaborase algo de creación propia y desarrollara al máximo su creatividad”.
 
La motivación y la funcionalidad, motor del proceso formativo
 
El taller del curso “Adornista textil” se encuentra engalanado con todos los trabajos que el alumnado realiza desde el mes de marzo: ropa, bolsos, manteles, etc, cosidos a mano o a máquina, pintados o bordados. Antonia, su formadora, intenta con una actitud positiva que cada día los 14 alumnos y alumnas se sientan más cómodos en el curso y otorguen más valor al trabajo que realizan.  Se trata de un grupo mixto, algo muy infrecuente en la cárcel, pero que permite potenciar la igualdad, con el añadido de que la propia especialidad, que era considerada en un principio “algo de mujeres” por algunos de los componentes del grupo,  se desarrolla ahora con total naturalidad por todos.
 
 
A la mayoría esta actividad le sirve como vía de escape, como dice Elvira “esto me permite salir del módulo, pero también aprender”. Por su parte, Antonio considera que el curso es “muy interesante, va a ser bueno para mi curriculum y además se me da bien”. Aunque todos coinciden en que las técnicas de pintura son con las que más disfrutan, cada uno está descubriendo aquello que hace mejor o aquello que le produce más satisfacción.  Como Samuel, al que todos los compañeros reconocen su gran habilidad para confeccionar cojines de muy diversos diseños; o Juana, una de las pocas alumnas que se atreve con la técnica de croché; o Elvira, quien perfecciona las técnicas de bordado para hacer un babero. Con una gran ilusión y orgullo muestra el trabajo que regalará a su sobrino cuando salga de prisión.
 
Gracias a una planificación que apuesta porque los alumnos sean conscientes de la funcionalidad y la aplicación de su aprendizaje, también se han realizado trabajos para la propio cárcel. Así, han confeccionado las cortinas y manteles para una de las salas de actividades en la que nos comentan, “antes la decoración de la ventana eran bolsas de basura”. Por otro lado, trabajan en el diseño de un anagrama que, posiblemente, se utilice para el uniforme de los funcionarios de la prisión. De este modo consiguen ver cómo sus capacidades permiten mejorar las condiciones de todos los reclusos.
 
Entre los proyectos para los meses que restan hay previstas unas salidas, aún no confirmadas, para conocer el trabajo en empresas relacionadas con la temática de las especialidades, así como la preparación de una exposición que sirva como colofón al curso y en la que puedan exponer ante sus familiares y personas invitadas todos los trabajos realizados y, por tanto, todos los conocimientos adquiridos.
 
 
Por supuesto, la actividad de IFES quiere ir más allá del aprendizaje. Pretende ser una orientación para el empleo y para la formación, incidiendo en todo momento, en las posibilidades laborales que estos cursos pueden tener, bien en la búsqueda de empleo por cuenta ajena o en el autoempleo. Asimismo, se trata de crear una actitud positiva hacia la formación, para que sigan viendo en ésta una posibilidad de futuro. Porque cumplir condena en una prisión es duro, pero salir de la cárcel y reintegrarse en la sociedad no lo es menos. Por ello, estas iniciativas quieren ser una base para la futura integración laboral y social de los internos.

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